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RIGI: ¿Un nuevo colonialismo económico bajo el disfraz de inversión? Por Oscar Rodríguez

RIGI: ¿Un nuevo colonialismo económico bajo el disfraz de inversión?
Por: Oscar Rodríguez

Recuerdo cómo, al leer sobre la historia de Argentina, una figura se destacó por su firme defensa de nuestra soberanía: Juan Manuel de Rosas. Este líder, con todas sus luces y sombras, comprendió que proteger nuestro patrimonio y nuestra tierra era una cuestión vital. Hoy, al observar la implementación del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), siento que estamos enfrentando una encrucijada similar, pero bajo una forma más sutil de colonialismo económico.

La Defensa de Rosas y la Entrega del RIGI
En los tiempos de Rosas, las amenazas eran claras y visibles. Las potencias extranjeras deseaban controlar nuestras riquezas naturales y someter nuestra economía a sus intereses. Rosas, con su liderazgo y convicción, resistió estas presiones, defendiendo nuestra soberanía con una determinación que, aunque controversial, era inquebrantable. Para él, la defensa de nuestra patria no era negociable.

Hoy, enfrentamos una situación que, aunque menos evidente, es igualmente peligrosa. El RIGI, como lo establece el artículo 162 del texto aprobado en Diputados, promete “incentivos, certidumbre, seguridad jurídica y un sistema eficiente de protección de derechos adquiridos” para inversiones que superen los US$ 200 millones. A primera vista, esto parece un intento legítimo de atraer inversiones y promover el desarrollo económico. Sin embargo, al analizarlo más a fondo, veo similitudes inquietantes con las ambiciones coloniales que Rosas combatió.

Incentivos vs. Soberanía
El RIGI ofrece incentivos fiscales, aduaneros y cambiarios durante 30 años, incluyendo la reducción del impuesto a las ganancias del 35% al 25%, la devolución acelerada del IVA y retenciones cero para las exportaciones. Estas medidas buscan atraer inversiones significativas, con el objetivo de promover el desarrollo económico, fortalecer la competitividad de ciertos sectores, incrementar las exportaciones y generar empleo.

Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar. El senador Martín Lousteau calificó al RIGI como “híper generoso”, argumentando que no garantiza que parte de la inversión tenga un impacto positivo en el país. La senadora Guadalupe Tagliaferri expresó su preocupación de que el régimen podría beneficiar solo a algunas provincias mientras que el costo sería soportado por todas durante décadas. Estas críticas reflejan una inquietud legítima: ¿Estamos vendiendo nuestra soberanía por promesas de inversión que podrían no materializarse de la manera esperada?

Experiencias Internacionales
Otros países han implementado regímenes similares con distintos grados de éxito y críticas. En Chile, el Decreto Ley 600, sancionado en 1974, ofrecía incentivos significativos a los inversionistas extranjeros, incluyendo el acceso al mercado cambiario formal y la remisión de capital sin impuestos. Este régimen, aunque exitoso en algunos aspectos, también fue criticado por favorecer excesivamente a los inversores extranjeros.

Colombia y Perú han tenido sus propias experiencias con regímenes de incentivos. Mientras que el Decreto 2080 de Colombia establece condiciones de reembolso y remisión de utilidades favorables a los inversionistas, la Ley General de Minería de Perú incluye estabilidad tributaria por 15 años. Ambos países intentaron atraer inversiones sin comprometer su soberanía fiscal, pero las críticas persisten sobre si estos incentivos realmente benefician a la población en general.

Al pensar en el legado de Rosas, no puedo evitar sentir una profunda preocupación por el rumbo que estamos tomando. Rosas defendió nuestra tierra con una visión clara de lo que significaba ser independiente. En contraste, el RIGI, aunque «bien intencionado», parece abrir las puertas a una nueva forma de colonialismo económico, donde nuestras decisiones son influenciadas y, en algunos casos, dictadas por intereses extranjeros.

Entiendo la necesidad de atraer inversiones y fomentar el crecimiento económico, pero debemos hacerlo con cautela y sabiduría. No podemos permitir que la búsqueda de desarrollo a corto plazo comprometa nuestra autonomía y nuestros recursos a largo plazo. Debemos aprender de nuestra historia y asegurarnos de que cualquier régimen de incentivos que adoptemos beneficie verdaderamente a todos los argentinos, sin hipotecar nuestro futuro.

Un Llamado a la Acción
Al igual que Rosas, debemos defender nuestra patria, no con armas y batallas, sino con políticas justas y equilibradas. No debemos permitir que la ambición de poderes extranjeros nos lleve a repetir los errores del pasado.

Debemos exigir que el RIGI y cualquier otro régimen de incentivos sean diseñados y aplicados de manera que protejan nuestros intereses y beneficien a nuestra gente. La defensa de nuestra soberanía y nuestro patrimonio no es solo una cuestión del pasado, sino una obligación presente y futura.

En este cruce de caminos, tenemos la oportunidad de honrar el legado de Rosas y asegurar un futuro próspero y soberano para nuestra nación. No podemos, ni debemos, ceder en esta defensa.

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