Política

No nos van a callar: las Bibliotecas Populares, se defienden. Por Oscar Rodríguez

No nos van a callar: las Bibliotecas Populares, se defienden

Por Oscar Rodríguez

Soy bibliotecario, trabajador de la cultura y parte de una red enorme y silenciosa de espacios que, todos los días, abren sus puertas para sostener a las comunidades: las Bibliotecas Populares.

Hoy escribo con bronca.
Hace más de cuatro meses que las Bibliotecas Populares de la Ciudad de Buenos Aires no reciben los subsidios garantizados por la Ley 2035 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una norma clara, vigente y conquistada con años de lucha. No estamos hablando de un favor ni de un subsidio discrecional. Estamos hablando de una obligación legal que el Gobierno de la Ciudad, encabezado por Jorge Macri, está incumpliendo con total impunidad.

Lo que está pasando no es una demora. Es un vaciamiento deliberado, parte de un proyecto ideológico que desprecia lo colectivo, odia lo público y quiere borrar todo lo que huela a organización comunitaria. Las bibliotecas populares estorban, claro. Porque no pueden mercantilizarnos. Porque no pueden convertirnos en negocio. Porque en nuestros espacios se discute, se aprende, se comparte, se cuida. Y eso incomoda.

Nos enfrentamos a una disputa de fondo: la idea de sociedad que defendemos. Mientras ellos recortan, precarizan y destruyen, nosotros seguimos apostando al encuentro, a la palabra, al conocimiento libre y al acceso igualitario a la cultura.

En lo personal, me niego a quedarme callado.
No puedo aceptar que mis compañeras y compañeros trabajen sin cobrar, que se suspendan talleres, que se corten servicios, que nos empujen al límite.
No puedo aceptar que se pisotee la ley, que se niegue el rol inmenso que tenemos las bibliotecas en esta ciudad.

Lo digo claro y con todas las letras:
No vamos a permitir que nos apaguen. No vamos a aceptar el abandono. No vamos a entregar nuestras bibliotecas.

Y si no hay respuesta, nos van a encontrar en la calle, en los medios, en cada barrio. Porque cuando una biblioteca resiste, es el pueblo el que se planta.

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