¿Revolución inconclusa? Pensar el 25 de Mayo desde el presente. Por Oscar Rodríguez*
El autor traza un paralelo entre la gesta de 1810 y la actualidad, en la que remarca la necesidad de resignificar la libertad
Revolución inconclusa? Pensar el 25 de Mayo desde el presente
Por Oscar Rodríguez*
Cada 25 de mayo repetimos el mismo ritual: escarapelas, actos escolares, próceres idealizados. Nos enseñaron a ver la Revolución de Mayo como una gesta heroica, protagonizada por un grupo de criollos ilustrados que liberaron al pueblo del dominio español. Pero cuanto más me acerco a los hechos reales, más entiendo que esa versión oficial oculta más de lo que cuenta.
La Revolución de Mayo fue, ante todo, una disputa de poder. No hubo unidad mágica ni consenso general. Lo que ocurrió en 1810 fue el inicio de una transformación profunda, pero también fue el reemplazo de una dependencia por otra. Muchos de los que impulsaron el cambio lo hicieron más por interés económico que por convicción emancipadora. Mientras se hablaba de libertad, se abrían las puertas al dominio británico y al libre comercio que favorecía a una minoría.
No se trató solo de sacarse de encima al virrey. El Cabildo Abierto fue una jugada política entre sectores que representaban intereses muchas veces enfrentados. Algunos buscaban una verdadera soberanía, otros simplemente querían administrar el poder en nombre de nuevos amos.
Y es ahí donde el 25 de mayo se convierte en una clave para leer nuestro presente. Porque más de dos siglos después, Argentina sigue atada a poderes económicos externos que condicionan nuestro destino. La deuda externa, los dictados del FMI, la fuga de capitales, la entrega de recursos estratégicos: todo eso forma parte de una estructura de dependencia que nunca se rompió del todo.
La revolución prometía libertad, pero la mayoría del pueblo –los sectores populares, los pueblos originarios, las mujeres, los afrodescendientes– quedó afuera del reparto. Aún hoy, siguen siendo los más excluidos, invisibles en los relatos oficiales y marginados en las decisiones que nos afectan a todos.
Por eso creo que el 25 de mayo no debe ser una fecha para el ceremonial vacío, sino para la reflexión crítica. ¿De qué nos liberamos realmente? ¿Y de qué seguimos siendo rehenes? La historia no está para dormir la conciencia, sino para despertarla. Lo que empezó en 1810 no está terminado. La verdadera revolución –la de la justicia social, la soberanía económica y la dignidad colectiva– todavía nos espera.

*Oscar Rodríguez es Bibliotecario y docente. Autor de ‘La Revolución educativa: de la verticalidad a la horizontalidad’. Dirigente político de la Unidad Socialista y militante de las Bibliotecas Populares en Lucha