De Sarmiento a Sturzenegger: del acceso al saber al cierre silencioso de las bibliotecas populares. Por Oscar Rodríguez
El autor responde a la intención del gobierno nacional de degradar y limitar a las bibliotecas populares en la función social que desarrollan
De Sarmiento a Sturzenegger: del acceso al saber al cierre silencioso de las bibliotecas populares.
Por Oscar Rodríguez
Comisión BP ABGRA-Integrante de BP en lucha
En 1870, Domingo Faustino Sarmiento, desde su concepción liberal del progreso, creó la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) con una idea clara: que el conocimiento, la lectura y la cultura no fueran privilegio de las élites, sino un derecho de todo el pueblo argentino. Con visión estratégica y política, entendió que el libro, la biblioteca y el lector eran herramientas esenciales para consolidar una nación educada, pensante y democrática.
Hoy, más de 150 años después, el gobierno nacional pretende degradar a la CONABIP de Comisión Nacional a simple Dirección General. Lo que parece un tecnicismo administrativo es en realidad un golpe profundo a uno de los bastiones más nobles del entramado cultural argentino. Una decisión cargada de desprecio hacia el saber colectivo, que pone en jaque a más de 1.500 Bibliotecas Populares en todo el país y amenaza con borrar de un plumazo siglos de construcción comunitaria.
Una decisión política disfrazada de reforma administrativa
No nos engañemos: degradar a la CONABIP no es un ajuste técnico, es una operación política. La CONABIP es hoy un organismo autónomo y con carácter federal, en donde las propias Bibliotecas Populares eligen representantes, debaten prioridades y construyen colectivamente. Transformarla en una dirección atada a la cadena de mando del Ejecutivo es anular su espíritu democrático, volverla funcional al verticalismo y someterla a los vaivenes de quien ocupe un despacho.
Las consecuencias son gravísimas:
Se elimina la Junta Representativa Federal, espacio de voz y decisión de las bibliotecas.
Se pierde la autonomía para definir políticas públicas culturales desde el territorio.
Se pone en riesgo el reconocimiento legal de nuevas BP, que quedará al arbitrio del funcionario de turno.
Se profundiza el vaciamiento de programas como Libro %, que garantizan libros accesibles.
Se avanza hacia un modelo centralista, gerencial y elitista, donde las comunidades no tienen lugar. Todo lo contrario a lo que soñó Sarmiento.
Las Bibliotecas Populares: trincheras de dignidad en tiempos de exclusión
Hablar de Bibliotecas Populares es hablar de organización barrial, militancia silenciosa, pedagogía del encuentro. No son centros de préstamo de libros: son espacios donde se construye ciudadanía, se combate el analfabetismo funcional y digital, se lucha contra la soledad, se genera identidad, se ofrece abrigo cultural.
En barrios populares, pueblos alejados, zonas rurales y periferias urbanas, las Bibliotecas Populares son el único espacio gratuito, abierto y acogedor donde una niña puede leer su primer libro, un adulto mayor puede conectarse con otros, una madre puede buscar información para acompañar la tarea escolar, o un joven puede hacer de la lectura un modo de imaginar otro futuro.
Frente al avance del mercado, la exclusión y la fragmentación social, las bibliotecas resisten. Son trincheras culturales, plataformas de inclusión, espacios donde la palabra circula libre y donde la memoria se cultiva.
De Sarmiento a Sturzenegger
La degradación de la CONABIP no puede separarse del proyecto político y económico que la impulsa. Mientras Sarmiento —con todos sus límites históricos— pensaba un país de lectores como pilar del desarrollo, el gobierno actual impulsa un modelo de país donde el conocimiento se compra, la cultura se terceriza y lo común se privatiza.
Federico Sturzenegger, ideólogo del «achicamiento del Estado», impulsa un decreto que desarma la estructura federal y comunitaria de la CONABIP. Su propuesta no es modernización: es destrucción planificada del tejido cultural que da sentido a lo colectivo. Es la lógica del Excel contra la del encuentro. La de los indicadores vacíos contra la dignidad vivida.
Una línea que no se puede cruzar
Cerrar bibliotecas no es una cifra en un presupuesto. Es negarle a las comunidades su derecho a la palabra. Es dinamitar puentes hacia el conocimiento. Es empujar a las generaciones futuras hacia el desarraigo cultural, el aislamiento informativo y el empobrecimiento simbólico.
Defender la CONABIP es una urgencia política, ética y cultural. Es levantar la voz frente al silenciamiento. Es sostener la trama de sentido en tiempos de barbarie mercantil. Es una causa de todos los que creemos en una Argentina con justicia social, federalismo real y soberanía intelectual.