Caldo de cultivo. Por Maximiliano Borches
Washington impulsa al pastor Dante Gebel para sustituir a Milei, potenciar a Patricia Bullrich e imponer una quinta columna en el peronismo
Caldo de cultivo
Fuente: https://prensatiroalblanco.wixsite.com/
Por Maximiliano Borches
Religión, algoritmos, caos, crisis, confusión, desgaste, resignación y creciente descreimiento a la política (y los políticos) locales: el caldo de cultivo perfecto para que las usinas de pensamiento en Washington – que actúan a través de la CIA, iglesias evangélicas, sus embajadas en todo el planeta, el Pentágono y las falsas sonrisas de los supermillonarios yanquis- continúen operando en una Argentina rota y bizarra, que prácticamente les pertenecerá, si no se logra imponer un freno a través de un brusco giro político en 2027, cuando las y los argentinos elijamos al próximo presidente.
Los tiempos de la decadencia de Argentina se aceleran, y en medio de la estrepitosa e inevitable caída de quien pasará a la historia como el líder del período más oscuro desde que se recuperó para siempre la democracia en 1983, aparece Dante Gebel, un pastor evangélico, showman y humorista financiado por una mezcla de iglesias, empresas propias y apoyos políticos/empresariales que incluye a River Church USA Incorporated, Dante Gebel Ministeries INC, Open Line Group LLC, Favorday, DMG Entertainment Group Corp, entre otras empresas contratistas del Estado estadounidense y hasta una alianza mediática con Mario Pergolini, e impulsado por Juan Pablo Brey, secretario general de la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA) y dirigente de la CATT (Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte), quien pretende crear una quinta columna en el peronismo, que si bien aún no encontró su rumbo, ya comenzó a caminar y su -por ahora- principal figura, Axel Kicillof, crece en las encuestas y va tomando la posta del principal movimiento político de América.
En este contexto aparece este pastor evangélico que ni siquiera vive en Argentina (está radicado en California), Dante Gebel. Un verdadero chanta que ni siquiera puede contestar si le gusta el helado de chocolate o el de dulce de leche, y que lo sacan a la cancha para ahondar en el desconcierto político con dos objetivos: intentar sustituir al outsider Milei o potenciar una probable candidatura presidencial de Patricia Bullrich, quitándole votos potenciales al peronismo en medio de la alienación mediática y algorítmica de las redes sociales.
A pesar de lo que su hermanísima Karina y el cada vez más pequeño círculo íntimo creen, Javier Milei es visto como un idiota en el mundo y como un psicótico desquiciado en la Argentina. Su modelo económico se suma a la lista de los fracasos nacionales, y solo continúa sosteniéndose en su frágil “Sillón de Rivadavia” porque el peronismo persiste en seguir desorganizado y porque desde los Estados Unidos no le cerraron (aún) el grifo de dólares y apoyos simbólicos, para que su experimento político más relevante en Sudamérica no estalle por los aires.
El error de subestimar
La destructiva motosierra de Milei ya perdió el efecto hipnótico que logró captar en un sector roto de la sociedad argentina, y que a dos años de sus maldita gestión solo puede mostrar la realidad de la única verdad: crecimiento astronómico de los endeudamientos familiares para alimentarse, cierres y quiebres de grupos empresarios emblemáticos como Sancor -por ejemplo, y FATE entre tantos otros-, más de 320 mil empleos registrados perdidos, parate de la obra pública que afecta directamente al mantenimientos de rutas, puentes y demás infraestructuras hoy destruidas a lo largo y ancho del país, cierre casi 30 mil pymes de distintos rubros y de varias decenas de comercios y establecimientos educativos privados en todo el país, abrupta caída del consumo interno y de la capacidad industrial, apertura indiscriminada de importaciones que no solo impactan en el crecimiento diario de la desocupación, también desgarra la soberanía nacional productiva.
A contramano del postulado justicialista de Juan Domingo Perón, para Javier Milei gobernar es destruir el trabajo.
En medio de esta función macabra de circo sin pan en la Argentina, Brasil elegirá presidente el próximo 4 de octubre, Perú disputará su próxima crisis institucional entre dos miradas distintas del país, y salvo México, Colombia y (por ahora al menos) Brasil, el resto de América continúa su baile de máscaras en el aquelarre de Donald Trump, que a pesar de sus bravuconadas y fantasías de líder planetario neroniano, las alarmas de decadencia comenzaron a acecharlo en su mansión de Miami y hasta podría terminar su mandato de manera abrupta con un juicio político si pierde la mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas de este año.
Los argentinos aprendimos a no subestimar en política nunca más a nadie. No solo el fallecido radical Fernando de la Rúa (responsable político de la matanza de 36 argentinos durante aquella funesta jornada del 20 de diciembre de 2001) llegó a la presidencia de la Nación, también lo hicieron el bruto Mauricio Macri y el perverso Javier Milei.
Sería un error (otro más) subestimar al pastor evangelista nacido en el bonaerense partido de San Martin, y residente hoy en California, Dante Gebel, como también sería erróneo no interpretar su irrupción en la arena política como una señal para fortalecer una probable candidatura presidencial de Patricia Bullrich, si es que Milei termina cayendo del todo. Su aparición también tiene el objetivo de meter una quinta columna en ese gigante invertebrado que es el peronismo, que de a poco comienza a desperezarse de un largo sueño y seguidillas de frustraciones, con aires renovados y certificado de honradez, honestidad y capacidad de gestión, si el candidato finalmente termina siendo Axel Kicillof.