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Bibliotecas Populares: el ahogo financiero silencioso que avanza en todo el país

En este contexto de desinformación, fragmentación social y discursos de odio, son espacios de acceso libre al conocimiento, la lectura y el encuentro comunitario

Mientras el discurso oficial habla de “eficiencia” y “reordenamiento”, cientos de Bibliotecas Populares de toda la Argentina atraviesan una situación crítica marcada por recortes, demoras administrativas, aumento de costos y nuevas exigencias burocráticas que ponen en riesgo su funcionamiento cotidiano.

Lejos de ser simples espacios de préstamo de libros, las Bibliotecas Populares cumplen un rol social fundamental: sostienen apoyo escolar, talleres culturales, alfabetización digital, acceso a internet, actividades comunitarias y espacios de contención en barrios donde muchas veces el Estado está ausente.

Sin embargo, el panorama actual muestra un escenario cada vez más asfixiante. El incremento de tarifas de servicios, alquileres y costos operativos se combina con subsidios insuficientes, demoras en los pagos y mayores requisitos administrativos para acceder a programas históricos como Libro%.

En las últimas semanas, el reclamo creció a partir de nuevas exigencias incorporadas por la CONABIP para las rendiciones de compras realizadas en la Feria del Libro. Bibliotecas de distintos puntos del país denuncian que se les está trasladando responsabilidades de control fiscal sobre editoriales y comprobantes electrónicos, funciones que deberían corresponder a organismos estatales y no a instituciones comunitarias sostenidas, en gran parte, por trabajo voluntario.

Desde el colectivo Bibliotecas Populares en Lucha advierten que esta situación forma parte de un proceso más amplio de vaciamiento y desgaste institucional. “Cada vez se exige más, pero se acompaña menos”, señalan referentes del sector.

El problema no es solamente económico. El deterioro de las Bibliotecas Populares implica también un retroceso cultural y democrático. En un contexto atravesado por desinformación, fragmentación social y discursos de odio, estos espacios siguen siendo uno de los pocos lugares de acceso libre al conocimiento, la lectura y el encuentro comunitario.

A pesar del escenario adverso, las Bibliotecas Populares continúan abiertas gracias al compromiso de bibliotecarios, vecinos y organizaciones sociales que sostienen diariamente actividades educativas y culturales con enorme esfuerzo.

La pregunta que empieza a surgir en todo el país es hasta cuándo podrán resistir sin una política pública real de fortalecimiento y protección.

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