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Crónica: Un País en Venta. Por Oscar Rodríguez

Crónica: Un País en Venta
Por: Oscar Rodríguez

Buenos Aires, 31 de mayo de 2024. La indignación brota de cada esquina, de cada mesa de café y de cada rincón del país. La realidad económica y social de Argentina se despliega como un lienzo oscuro, teñido por la desesperanza y el resentimiento de una población que siente haber sido traicionada. Hoy, el verso de «Cristina chorra» resuena como una ironía amarga frente a los hechos actuales. Los mismos que otrora denunciasen corrupción en el sur, hoy sostienen con firmeza un gobierno cuyas políticas parecen encaminadas a entregar el patrimonio nacional a intereses extranjeros.

La promesa de prosperidad que se esbozaba en cada discurso se ha convertido en una quimera. En su lugar, se asienta una realidad donde el hambre y el frío acechan a las familias argentinas. Mientras tanto, se negocia en despachos lujosos la cesión de recursos naturales, el verdadero tesoro del país, bajo la apariencia de acuerdos económicos beneficiosos. El RIGI (Régimen de Inversión y Gestión de Infraestructuras) emerge como un símbolo de esta nueva etapa colonialista, donde la riqueza se escapa entre las manos del pueblo para nutrir a poderes económicos internacionales.

La paradoja es dolorosa. Años atrás, se instaló la idea de que ayudar a los pobres con subsidios y comida era sinónimo de robo. Hoy, esa narrativa ha sido reemplazada por una nueva forma de expolio, mucho más sofisticada y devastadora. Las medidas que benefician a unos pocos privilegiados, sostenidos por capitales internacionales, desplazan a la mayoría hacia la miseria.

En las calles, el descontento se palpa. Los ciudadanos observan con impotencia cómo sus recursos se entregan por migajas, mientras ellos mismos luchan por sobrevivir. Las promesas de un futuro mejor se disuelven, dejando tras de sí un presente agónico. «Gracias, compatriotas, por haber facilitado esta entrega», se escucha con sarcasmo en las conversaciones cotidianas. La decepción se convierte en rabia cuando se constata que, en lugar de progreso, se enfrentan a un retroceso doloroso y cruel.

Las políticas actuales no solo han fracturado la economía, sino también el tejido social. La confianza en los líderes se ha desmoronado, y la esperanza se desvanece día tras día. En cada rincón del país, la sensación de haber sido estafados crece. La percepción de que se está viviendo un saqueo a gran escala, disfrazado de políticas económicas, se instala firmemente en el imaginario colectivo.

La historia de Argentina se escribe con una nueva tinta amarga. Un país que podría ser próspero y autónomo, hoy se ve relegado a la dependencia y la pobreza. Los recursos naturales, que deberían ser el motor de desarrollo y bienestar, se han convertido en moneda de cambio para sostener un poder que no representa a su pueblo. Y mientras tanto, los argentinos se enfrentan al desafío diario de sobrevivir en un país que parece haber sido puesto en venta.

La crónica de hoy no es solo un relato de hechos, sino un grito desesperado por justicia y dignidad. Porque si algo queda claro en medio de esta tormenta, es que el pueblo argentino no se resigna. Y en ese espíritu indomable reside la esperanza de un futuro diferente.

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