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Siempre Norita. Por Oscar Rodríguez

Siempre Norita
Por: Oscar Rodríguez

En un mundo que a menudo se tambalea bajo el peso de la injusticia y la opresión, surgen individuos cuyo valor y determinación iluminan el camino hacia la verdad y la reconciliación. Norita Cortiñas, nacida el 22 de marzo de 1930, es una de esas luminarias, un faro de justicia y esperanza cuyo incansable activismo ha dejado una huella imborrable en la historia de los derechos humanos en Argentina y más allá.

Como madre de Carlos Gustavo Cortiñas, uno de los miles de desaparecidos durante la brutal dictadura militar argentina, Norita transformó su dolor en una fuerza motriz para el cambio. En 1977, junto a otras valientes mujeres, cofundó las Madres de Plaza de Mayo. Estas madres, con sus pañuelos blancos, se convirtieron en símbolos vivientes de resistencia, reuniéndose cada jueves en la Plaza de Mayo para exigir la verdad sobre el paradero de sus hijos.

Norita, con su voz firme y su corazón indomable, ha trascendido su propio dolor personal para abogar por una justicia más amplia. Su activismo no se detiene en los desaparecidos de la dictadura; ella lucha por los derechos de los pueblos originarios, de las mujeres, de los trabajadores, y de todos aquellos que son marginados y oprimidos. Su compromiso con la verdad y la justicia social la ha llevado a ser una figura respetada y querida a nivel internacional.

En un homenaje a Norita Cortiñas, celebramos no solo su valentía y su inquebrantable espíritu, sino también su capacidad para inspirar a generaciones enteras. Ella nos enseña que la lucha por los derechos humanos es interminable y que la búsqueda de justicia, por difícil que sea, es un deber sagrado.

Norita nos recuerda que la memoria es una herramienta poderosa contra el olvido y la impunidad. En cada marcha, en cada discurso, en cada acto de solidaridad, su voz resuena como un llamado a la acción y un recordatorio de que la dignidad humana debe ser defendida sin descanso.

Hoy, honramos a Norita Cortiñas no solo como una madre que buscó a su hijo, sino como una madre de una nación que clama por justicia. Su legado perdura en cada lucha por la verdad y en cada corazón que se niega a olvidar. Norita es, y siempre será, un símbolo de amor, de resistencia y de esperanza inquebrantable.

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