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El cambio no es Milei por un Milei moderado. Por Oscar Rodríguez

Privatizan, destruyen el Estado y transfieren la riqueza de los trabajadores a los grandes grupos económicos. Se impone un cambio de política, no de modales

El cambio no es Milei por un Milei moderado
Por Oscar Rodríguez

No me alcanza con ver caer la imagen de Javier Milei. No me alcanza con las encuestas que muestran el desgaste de un gobierno que prometió libertad y terminó condenando a millones de argentinos a vivir peor. No me alcanza porque ya conozco esta historia.

La Argentina ya pasó demasiadas veces por este libreto.

Primero destruyen el Estado. Después privatizan. Después transfieren la riqueza de los trabajadores a los grandes grupos económicos. Endeudan al país. Entregan el patrimonio nacional. Generan pobreza. Y cuando el modelo se agota, aparecen los mismos de siempre diciendo que hace falta un dirigente «más racional», «más dialoguista», «más moderado».

No.

Ese es el engaño.

No quiero otro Milei con mejores modales.

No quiero otro gobierno que siga obedeciendo al Fondo Monetario Internacional, a los fondos de inversión y a las corporaciones mientras le pide sacrificios eternos al pueblo argentino.

No quiero otro presidente que administre la pobreza con una sonrisa mientras conserva intacto el modelo económico que la produjo.

¿Argentina seguirá siendo un país gobernado para los mercados o volverá a ser una Nación pensada para quienes trabajan, producen, estudian y sueñan con un futuro mejor?»

Porque el problema no es Javier Milei como persona.

El problema es el proyecto político y económico que representa.

Es el mismo proyecto que conocimos con Martínez de Hoz durante la dictadura, que profundizó el menemismo con las privatizaciones, que volvió con Mauricio Macri y que hoy alcanza su expresión más brutal.

Siempre cambian los nombres.

Nunca cambian los beneficiarios.

Mientras tanto, el pueblo trabaja más, cobra menos, pierde derechos y escucha que todo es culpa suya.

Por eso creo que la oposición tiene una obligación histórica.

No puede conformarse con prometer una gestión más eficiente.

Tiene que decir claramente que va a desarmar cada una de las políticas que hicieron retroceder a la Argentina.

Tiene que comprometerse a recuperar el salario, fortalecer las jubilaciones, reconstruir el sistema científico, devolverle recursos a la educación pública, defender la universidad, impulsar la industria nacional, proteger a las pequeñas y medianas empresas, recuperar el rol estratégico del Estado y volver a poner a la producción por encima de la especulación financiera.

El problema no es Javier Milei como persona, el problema es el proyecto político y económico que representa»

Y hay algo más que no puede seguir siendo un tema prohibido.

Hay que hablar de redistribución de la riqueza.

Porque mientras unos pocos multiplican sus ganancias, millones de argentinos no llegan a fin de mes.

Porque ningún país puede llamarse libre cuando la riqueza producida por todos termina concentrada en manos de unos pocos.

Porque la justicia social no es una consigna vacía.

Es la condición necesaria para que exista una democracia verdadera.

Muchos me preguntan quién puede llevar adelante ese proceso.

Y yo respondo sin vueltas.

Creo que hoy la única dirigente con el liderazgo político, la experiencia y la convicción necesaria para enfrentar a los poderes económicos que sostienen este modelo es Cristina Fernández de Kirchner.

Lo digo porque durante sus gobiernos hubo decisiones que enfrentaron intereses muy poderosos: la recuperación de YPF, la movilidad jubilatoria, la ampliación de derechos sociales, la inversión en ciencia y tecnología, el fortalecimiento de las universidades, la recuperación del empleo y una política orientada a ampliar el consumo y el mercado interno.

No digo que todo haya sido perfecto.

Digo que, cuando hubo que elegir entre el poder económico y el pueblo, tomó decisiones que marcaron una orientación política clara.

Y eso es exactamente lo que hoy vuelve a estar en discusión.

No estamos eligiendo simplemente un presidente.

Estamos decidiendo si la Argentina seguirá siendo un país gobernado para los mercados o volverá a ser una Nación pensada para quienes trabajan, producen, estudian y sueñan con un futuro mejor.

No quiero que dentro de algunos años alguien diga que Milei fue apenas un exceso y que el problema se resolvía con un libertario más educado o con un ajuste menos violento.

Sería repetir el mismo error que tantas veces pagó el pueblo argentino.

La historia demuestra que los derechos nunca vuelven solos.

Se recuperan con organización.

Con militancia.

Con coraje político.

Y con dirigentes dispuestos a enfrentar a quienes creen que la Argentina es un negocio y no una patria.

Porque si después de Milei permanece el mismo modelo económico, entonces Milei habrá cumplido su verdadero objetivo.

Yo no quiero cambiar un nombre.

Quiero cambiar el rumbo.

Y estoy convencido de que esa discusión debe darse de frente, sin miedo y sin eufemismos.

Porque cuando un pueblo decide recuperar su dignidad, ya no alcanza con administrar la derrota.

Es tiempo de volver a construir una victoria popular.

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