El Estado llega tarde para garantizar derechos, pero cada vez más temprano para castigar. Por Adrián Berrozpe
A partir de dos fallos recientes, el autor analiza las condiciones de vida de los adolescentes y la responsabilidad del Estado
El Estado llega tarde para garantizar derechos, pero cada vez más temprano para castigar.
Con la entrada en vigencia del nuevo Régimen Penal Juvenil y la incorporación de pibes y pibas de 14 y 15 años al sistema penal, vuelve una pregunta que no podemos esquivar. ¿Qué pasó antes de que aparecieran el patrullero, el fiscal, el expediente y el instituto?
Dos fallos recientes vuelven a poner en discusión no solo la respuesta penal, sino también las condiciones de vida de los adolescentes y las responsabilidades del mundo adulto y del propio Estado.
Porque detrás de cada expediente hay una historia que empezó mucho antes. Y quizás sea momento de preguntarnos por qué seguimos ampliando la capacidad del sistema penal para captar pibes mientras achicamos las políticas capaces de garantizarles derechos.
No podemos pretender que el Estado penal resuelva aquello que el Estado social abandonó.
Quizás de eso se trate. De dejar de mirar marcianos donde siempre hubo pibes.










