Bar Central – Punta Alta
En Punta Alta, en Bernardo de Irigoyen 86, esquina Humberto, en el año 1900 funcionaba la primera panadería del pueblo.
En 1916 José Ighina, el dueño, alquiló el predio a un par de hombres que inauguraron el Café y Bar Puerto Rico, llamado así en honor al cercano Puerto Comercial Arroyo Pareja. Era un local enorme de 18 × 30 m con 10 billares que rápidamente se transformó en punto de encuentro de marineros y gente de la Armada. Es a muy pocas cuadras de la Base Naval.
En 1925 cambió de manos: dos socios de origen nipón lo rebautizaron Bar Japonés e introdujeron espectáculos nocturnos, pero en diciembre de 1928 un incendio arrasó todo el local en media hora.
Luego del incendio, en junio de 1929 Ercolano Melani reabrió el local, que nació con el nombre Bar Central y mantuvo la tradición del café expreso, los billares, aunque agregó la atracción de una orquesta de señoritas en un palco sobre la barra.
Entre 1934 y 1973 – pasó por varios dueños, hasta que en 1973 fue vendido a Antonio Di Giácomo, el actual dueño.
Por sus mesas pasaron grandes del espectáculo, entre otros, Luis Sandrini en 1936, Carlos Monzón y Carlitos Balá. El lugar fue escenario de varios episodios oscuros: en 1927 un policía asesinó al marinero Jorge Gasparoli dentro del bar, conmocionando a la comunidad
Arquitectónicamente es una reliquia histórica que se mantiene firme en la esquina de siempre en Punta Alta. Era un verdadero centro cultural local con tango, billar, “farra” y música en vivo. Hoy sigue siendo reconocido por su estilo clásico, su ambiente, y un menú variado que, aseguran, honra aquella esencia centenaria y posible de aprovechar con precios lógicos.
Desde sus inicios hasta hoy, La Central fue escenario de arte, debates, política, música, y anécdotas legendarias. Una esquina viva que conserva la época de oro de Punta Alta.

Cuando La Central era la Puerto Rico
Carlos Di Sarli
En 1930, tras un conflicto en Buenos Aires, Di Sarli llegó a actuar en el Bar Central al frente de una “orquesta de señoritas” y que también salía por radio LU2 en Punta Alta.
Fue una gran novedad artística: grupos conformados por mujeres músicas que combinaban piano, violín y bandoneón. Se destacaron las hermanas Tieri, las hermanas Forte y la bandoneonista Verónica Portela. Eran presentaciones glamurosas en el palco, con atuendos de fiesta, al ritmo del tango.
En 1933, Carlos Gardel visitó La Central y allí mismo descubrió a pianista Di Sarli.
En las décadas del ’30 y ’40 Punta Alta contó con varias orquestas de tango que solían pasar por el bar, como La Típica y Mazzini. Desde 2008, la Banda y Orquesta Municipal de Coronel Rosales, dirigida por José “Pepe” Fernández, revive la tradición con tangos, boleros, merengues y ritmos afrocaribeños, actuando regularmente en el Central
Algunos recuerdos del Bar Central
- El “duende” de la barra – Los mozos eran toda una institución. Un ejemplo célebre: Nicolás, el encargado del turno noche, saludaba con un “¿Cómo andás, pibito argentino?”, lo que lo convirtió en un personaje inolvidable para los parroquianos que frecuentaban el lugar en los ’80
- Catedral del billar… ¡y del fútbol! – La letra de un tango alusivo al bar lo bautiza, entre otras imágenes, como “sucursal del afán futbolero” y asegura que “los sábados de tardecita se da cita la barra de ayer”. Toda una postal de hinchas, mate y pool, donde se vivían debates futboleros entre una jugada y la siguiente
- Tango Bar Central – Hay una canción emblemática que rinde homenaje directo al Bar Central de Punta Alta. Se trata de un tango compuesto por Pedro Soulé Tonelli, cuyo estribillo identifica profundamente al lugar: “Bar Central, / catedral del billar esquinero. / Bar Central, / de Irigoyen y Humberto Primero. / Bar Central, / sucursal del afán futbolero / donde todo final se palpita, / y los sábados de tardecita / se da cita la barra de ayer…”
Este tango es prácticamente un himno para el bar: lo describe como la catedral del billar, un punto de encuentro de hinchas y parroquianos sobre la esquina clásica de Irigoyen y Humberto I. Refleja esa postal de fútbol, mate, billares y charla, que define la identidad de La Central.
¿Qué lo hace especial? que menciona la ubicación y la tradición de juntarse después del billar y los partidos de fútbol y cuenta con un valor histórico: es uno de los pocos testimonios sonoros que preserva el espíritu cultural del bar. Con letra del poeta puntaltense Héctor Soulé Tonelli y música de Julio Martínez Serra, el Tango Bar Central, tiene un estilo tanguero clásico que conecta con la música en vivo que lo caracterizó en los años ’30 y’40.
Músicos fantasmas
Entre las leyendas que se transmiten de generación en generación, se habla de los “duendes musiqueros” que rondaban entre la clientela, y cómo la música, los billares, las charlas y el amor pasaban casi desapercibidos, como si las historias se escribieran al margen. Según decía un poeta habitué, “historias de amor, amistad, encuentros y desencuentros se gestaron en el amplio salón… viendo pasar el mundo desde atrás de los ventanales”
Hubieron historias intensas, poéticas, casi sueños, que mezclaban figuras literarias en un escenario porteño. Un encuentro bohemio con Bukowski, Borges, Vallejo y Hemingway, Charles Bukowski, con su sombrero y camisa celeste, sentado solo; Jorge Luis Borges, traumado por sus propias reflexiones, sentado en la barra repetía, “No he sido feliz”. Y pasaban Hemingway, Huxley y otros fantasiosos que se mezclaban con las fantasías que los poetas garabateaban en las noches de La Central.