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La inutilidad de la guerra. Por #unPelícanocaminante

La inutilidad de la guerra. El petróleo baja, los combustibles no. El transporte de pasajeros cruje. La inflación sube, los salarios pierden
La inutilidad de la guerra. El petróleo baja, los combustibles no. El transporte de pasajeros en colectivo cruje. La inflación sube, los salarios pierden capacidad de compra

La tregua iniciada entre Irán por un lado y EE UU e Israel por el otro demuestra una vez más que la locura impulsada por el complejo militar-industrial yanqui y ejecutada por el gobierno de Trump es globalmente suicida. La guerra mató a miles de civiles, destruyó infraestructuras que impactan sobre la vida cotidiana de millones de ciudadanos en Medio Oriente, descalabró la economía mundial y volvió las hostilidades al punto cero.

El plan de diez puntos presentado por Irán y aceptado por EE UU así lo demuestra.

Cese total de cualquier agresión contra Irán y los grupos de resistencia aliados, prohibición de cualquier ataque desde bases contra Irán, tránsito diario limitado de buques por el estrecho de Ormuz durante dos semanas, bajo un protocolo de paso seguro supervisado y regulado por Irán, compromiso de Irán de no fabricar armas nucleares, reconocimiento por parte de Estados Unidos del derecho de Irán a enriquecer uranio y negociación sobre el nivel de enriquecimiento, extensión del principio de no agresión a todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia, como puntos salientes.

Es indisimulable que para resolver este conflicto no hacía falta ninguna guerra y que las amenazas de Trump se están convirtiendo en una “fuga épica”. Otra faceta inocultable es que la historia persa de miles de años continuada por el pueblo iraní tuvo un peso decisivo para soportar la agresión del imperio y sus cómplices. La otra cara visible es que la guerra detuvo la lucha de una parte de ese pueblo por mayores libertades y contra el imperio de las retrógradas normas religiosas que limitan el desarrollo de sus vidas.
No hay secretos. EE UU agredió para quedarse con el petróleo y el gas de Irán y se encontró con un hueso duro de roer. Los próximos quince días dirán si volvemos a la locura o no.
Mientras tanto en Argentina suceden cosas.

Los combustibles suben diariamente. Algunas petroleras dicen que congelaron el precio por 45 días; lo que no dicen es que lo dejaron en el precio más caro de esta crisis y no lo piensan bajar. Por otro lado, el gobierno nacional eliminó el sistema de segmentación por niveles de ingresos que rigió hasta ahora para el acceso a la energía, dispuso la baja definitiva de la Tarifa Social Federal de Gas Licuado, autorizó el aumento mensual de las tarifas de gas natural y un aumento diferenciales en la energía eléctrica.

Los dueños de los colectivos pagan el precio de su propia medicina. Por un lado alaban el discurso antiestatal. Por otro se quejan cuando ese Estado no les paga los subsidios y el precio del gasoil sube por una escalera al cielo. Y como no podía ser de otra manera descargan su impotencia sobre los pasajeros. Bajaron un 30% de unidades en servicio y la frecuencia colapsó.

La corrupción corroe los cimientos de un gobierno que prometió austeridad y se enloda en sus propios escándalos. Ya no es solo el impresentable de Manuel Adorni. Ahora salen a la luz los préstamos por montos inexplicables a diputados, gobernadores y funcionarios cuando cualquier común sabe lo escabroso es que le otorguen un préstamo para resolver sus necesidades.

Los datos de inflación oficial ya son un relato cinematográfico y se alejan cada vez más de la realidad por lo que los trabajadores/as tenemos un dilema a resolver: o aceptamos estas reglas de juego perversas que agujerean nuestros bolsillos o exigimos que nos devuelvan el porcentaje succionado por la mala medición (25%) y que el gobierno elabore nuevos índices con la participación de los trabajadores/as y los usuarios.

En sintonía, eliminan a partir de abril los planes “Volver al trabajo” por unos dudosos vouchers con una intención genérica de improbable ejecución.

Además, continua la pelea contra la retrógrada “reforma laboral”, contra la entrega del patrimonio nacional físico y simbólico y contra el riesgo inminente de perder el control para seguir teniendo agua, todo a favor de un uso incontrolable de las mineras.

La modificación de la ley de Glaciares es un tiro en los pies para nosotros y las futuras generaciones que debemos resistir más allá de las manos cómplices que se levanten en el Congreso. Cientos dos mil personas quisieron expresar su opinión. No las dejaron. Millones empiezan a comprender que esta entrega es parte de la genuflexión general del gobierno y una estafa a todos los y las argentinas.

Entretanto, decrece el consumo popular, suman cierres de empresas y la vía de escape monotributista ya no parece posible. Un combo que supera la capacidad de aguante y se empieza a reflejar en el cansancio de las mayorías. El reto será encontrar caminos comunes para salir de este momento agrio y enfrentar la vida mínima que nos quieren imponer desde el poder.

Somos muchos/as. Necesitamos una estrategia común y una conducción colectiva. Nadie tiene la razón absoluta y casi todos/as tenemos necesidades de solución impostergable.

#unPelícanocaminante

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